El miedo habita en el subconsciente

El miedo vive donde nadie puede verlo; en la frontera entre el iris y la pupila; a la sombra de lo desconocido. El miedo arranca los gritos más desgarradores que nadie escuchará jamás, excepto nosotros mismos. El miedo retuerce cada milímetro del cuerpo que habita y confunde a la razón con su catatónico emotivismo moral.

El miedo convive junto a nuestros secretos en lo más profundo del campo de batalla donde se suicida el corazón. Donde los imperativos morales pierden su exhortativa condición de mandato y donde el ego se postula como sociópata filofóbico.

El miedo a sentir construye jaulas inquebrantables, con barrotes de hormigón armado por las mentiras del orgullo, por la verdad de la egofobia y por el dolor de lo ocurrido en la pseudo-realidad de nuestro pasado más inquebrantable.

El miedo a fracasar forma parte de la absurda naturaleza de quien mira al futuro creyendo que llegará; creyendo que la marea enorme de todo lo que dejamos de hacer, lo que dejamos de sentir y lo que jamás pudimos olvidar, nos pasará por encima sin la piedad que el tiempo otorga al dolor.

Pero qué más da: el miedo habita en el subconsciente, hogar de los sueños… Y los sueños, miedos son.

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